Recordando
Retro Review de E.T. The Extra-Terrestrial

El mito (por varios motivos) de los videojuegos

Todo mortal conoce el éxito cinematográfico de E.T.: El Extraterrestre, película dirigida por Steven Spielberg en el año 1982, que impresionó a toda una generación de jóvenes (y no tan jóvenes) y cuyo legado llega hasta nuestros días. Pues bien, hoy os vamos a hablar de la mítica adaptación que hizo Atari en el mismo año, intentando aprovechar al máximo la popularidad de la película, imponiendo unas fechas de entrega totalmente draconianas.

Para dicha tarea, la compañía decidió contar con los servicios de Howard Scott Warshaw, quien diseñó y programó prácticamente en su totalidad el videojuego (eran otros tiempos), pero el resultado fue un desastre, siendo considerado uno de los peores juegos de la historia de los videojuegos, confuso y con algunos bugs de importancia. Por otra parte, también es considerado uno de los principales causantes de la crisis que vivió la empresa de los videojuegos (especialmente por la propia Atari) ya que fue un total y absoluto fracaso comercial.

Dicho fracaso se puede explicar principalmente por la premura en el tiempo de entrega. Warshaw solo pudo contar con 5 semanas para el desarrollo, ya que se quería tener el juego para la campaña navideña de 1982. El bueno de Howard cumplió, pero no se pudo hacer el testeo habitual con jugadores, para que lo probasen y dieran su opinión, para intentar mejorar la experiencia del jugador.

La producción del videojuego manejó cifras mareantes para la época. Se calcula que la producción total (contando marketing y la producción de los cartuchos) costó 125 millones de dólares, siendo la compra de la licencia de unos 25 millones aproximadamente. Resumiendo, se apostó por él como si fuera un triple AAA de hoy en día.

Warshaw diseñó el videojuego como una aventura, donde manejaríamos a E.T. para ayudarle a conseguir las tres piezas de un teléfono que permitirá al alienígena llamar a su casa ("Mi casa, teléfono", el mantra que repite en la película). En la parte inferior veremos la vida restante de E.T. en forma de número que irá decreciendo a medida que hagamos acciones, como caminar o caer en los famosos agujeros. Una de las cosas más conocidas de este videojuego, es que podíamos caer en una "pantalla-agujero" sin saber muy bien porqué e, incluso, muchas veces al levitar para salir, saliamos a la pantalla superior y volvíamos a caer, frustrando al jugador muchísimo por no saber qué pasaba.

Tenemos que mover a E.T. por un mapa 4x4 donde los principales peligros (además de los temibles agujeros) son dos personajes, un científico y un miembro del FBI que nos quieren capturar. Tendremos que esquivarlos como podamos para conseguir las dichosas piezas del teléfono y, además, unos caramelos para darle a Elliot, el niño de la película que cuida de E.T. Para ello, tendremos que hacer caso de las indicaciones que se ven en la interfície, en forma de iconos (llamar a Elliot, zona de aterrizaje, etc). Una vez tengamos ambas cosas, deberemos hacer la llamada para que la nave nos venga a buscar, teniendo que buscar entonces la pantalla donde aterrizará, pero tendremos un tiempo limitado que veremos en la parte superior de la interfície.

Una vez que la nave se lleve a E.T. a su planeta de origen, reempezaremos la pantalla con los puntos obtenidos en la anterior y así en bucle hasta que muramos o nos cansemos. No es que el juego fuera muy difícil en sí, si no que era desesperante por las cosas citadas anteriormente, por lo que muchos jugadores desistieron pronto y las críticas fueron nefastas... algo que dió origen a la leyenda más famosa de la historia de los videojuegos.

La leyenda

Atari se las prometía muy felices y produjo un total de 4 millones de unidades del juego, vendiéndose 1.5 millones solamente, debido a la escasa calidad del juego que ni la popularidad de la película podía cubrir. La prensa de Alamogordo (Nuevo México) se hizo eco en el 1983 de la llegada de varios camiones procedentes de la fábrica de Atari desde El Paso, enterrando material de desecho en el vertedero, bajo una capa de hormigón. Un poco más tarde se especuló con que fuera el stock sobrante de E.T., pero no se proporcionó ninguna prueba ni evidencia.

Tras varias protestas de las autoridades de Alamogordo, que no querían que sus inmediaciones se convirtieran en el vertedero de Atari, se detuvo el envío de material. Poco después, el tema quedó olvidado y empezó a gestarse la leyenda de que allí, efectivamente, habría gran cantidad de cartuchos del videojuego.

Y los años siguieron pasando y pasó a ser probablemente la leyenda más conocida de la historia de los videojuegos. En el 2004, el propio Warshaw afirmó que dudaba de que Atari hubiera enterrado semejante cantidad de cartuchos, puesto que lo lógico hubiera sido que reciclasen las partes posibles para reducir el coste de fabricación de otros títulos.

En una leyenda, toda la historia acabaría aquí y no habría nada más que contar. Pero como todo lo que rodeó a este juego no fue normal, la leyenda... resultaría ser cierta.

En el 2014, el documentalista Zak Penn realizaba un documental llamado Atari: Game Over, donde analizaba el auge y caída del gigante americano del videojuego, pero se reservaba la traca final. Localizó y desenterró en Alamogordo varios centenares de cartuchos del videojuego, confirmando la leyenda, el resto, es historia.

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