Recordando
Retro review de Manic Miner

Soy minero!

Hoy vamos a hablar de un juego de sobras conocido por aquellos gamers de una cierta edad que, aunque no hayan llegado a probarlo, seguro que a sus oídos ha llegado el enorme éxito que cosechó: Manic Miner. De hecho, tal fue el éxito que dió paso a una saga conocida como Miner Willy Saga, habiendo otros títulos bastante conocidos como Jet Set Willy.

Manic Miner apareció en el año 1983 siendo su desarrollador el legendario Matthew Smith, un excéntrico chaval que trabajando como freelance para Bug-Byte parió una de las grandes obras de la retroinformática en tan solo 6 semanas (aunque otras fuentes apuntan a que fueron 8, en cualquier caso, un tiempo muy ajustado).

En el juego nos ponemos al mando de Willy, un minero intrépido que deberá sortear 20 niveles donde deberemos ir recolectando los objetos para poder superar el nivel, antes de que el oxígeno de Willy se agote y muramos en alguna de las distintas cavernas a las que nos tendremos que enfrentar. Por si fuera poco, nos las tendremos que ver con distintos tipos de enemigos, que como solía ser habitual en estos juegos, siguen una rutina de movimiento que deberemos aprender para conseguir sortearlos más fácilmente. Por otra parte, deberemos dominar también los saltos, ya que Willy podrá morir, además de siendo alcanzado por un enemigo, si cae de una altura lo suficientemente grande.

En la interfaz del juego podremos ver el high-score, la puntuación actual, el oxígeno restante y el número de vidas restante. Cada 10.000 puntos podremos conseguir una vida adicional que nos será muy útil para poder completar el juego. Los puntos se consiguen, además de recogiendo los distintos objetos que nos permitirán abrir el portal para superar el nivel, cada vez que finalizamos una pantalla contándonos el oxígeno restante que nos quede, por lo que cuanto más rápido completemos el nivel, mejor.

Si conseguimos salir al aire libre, habremos finalizado con éxito el juego y el bueno de Willy seguro que nos estará eternamente agradecido.

Al igual que sucedió en sus sucesores, el juego desprende un humor muy particular. Entre los enemigos nos podemos encontrar desde retretes, hasta teléfonos que han cobrado vida, pasando por cortacéspeds completamente enloquecidos. O la secuencia de Game Over, donde un enorme pie aplastará al pobre Willy sin piedad.

Hay varias curiosidades en el juego que merecen ser comentadas. La primera es explotar una característica del ZX Spectrum que permitía la alternancia entre los colores de fondo y primer plano, conocido como flashing, que se utilizó para formar una animación entre las dos palabras del título del juego, muy efectivo en su época. Por otra parte, en el apartado musical también se consiguió un verdadero logro en la época, como reproducir la melodía "En el salón del Rey de la Montaña", de la suite Peer Gynt de Grieg. Y por último, hay una puerta trasera que permite mediante un código hacer trampas en el juego, pues este código es el número de permiso de conducir de Matthew Smith.

Sin embargo, el ya de por sí excéntrico caracter de su creador se vió agudizado por la borrachera de éxito que le provocó el juego. El alcohol y las drogas no tardaron en aparecer y desapareció durante un tiempo tras diversos desarrollos posteriores, hasta que reapareció en Holanda tras haber pasado presuntamente por una institución psiquiátrica, hasta que en 1997 fue deportado a Inglaterra por no tener el permiso de residencia en regla.

Nunca pudo remontar su carrera como programador, aunque ha hecho diversas apareciones en ferias de retroinformática y ha concedido alguna que otra entrevista.

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