Recordando
Retro Review de Centipede

A la destrucción del gusano

A principios de los 80, aún resonaban con fuerza los colosales éxitos de Space Invaders de Taito, de Galaxian de Namco o de Asteroids de Atari. Y precisamente un juego de esta última desarrolladora vamos a hablar: Centipede. La compañía americana no quería quedarse de brazos cruzados y dormirse en los laureles (recordad que habían sido autores también de Pong), así que movieron ficha y lanzaron Centipede en el año 1981, convirtiéndose instantáneamente en todo un clásico de las máquinas arcade.

En el juego tomamos el rol de un personaje que ha sido atrapado en el "Bosque Encantado", quien deberá utilizar su varita mágica para destruir los peligros que el bosque esconde, principalmente el ciempiés (centipede) y las arañas.

Antes de adentrarnos en el gameplay del juego, comentaremos rápidamente la sencilla interfaz que consta del número de vidas restante y la puntuación actual así como el high-score que deberemos batir para fardar delante de nuestros amigos.

A priori, el juego puede parecer muy similar a Space Invaders, y en cierto modo lo es, pero tiene ciertas diferencias en cuanto a la jugabilidad que lo hacen único y diferente. Nuestro personaje se encuentra en la parte inferior de la pantalla, pero en lugar de podernos mover solo lateralmente como en Space Invaders, también podremos movernos hacia adelante, especialmente útil para esquivar a nuestros enemigos.

Nuestro enemigo es el centipede que aparece en la parte superior de la pantalla y que irá descendiendo hasta llegar a nosotros. Para ello se servirá del campo de setas que hay en la pantalla, cada vez que topa con una, descenderá una linea, por lo que a menos setas se encuentre por el camino, más tardará en llegar a nosotros. Sin embargo, cada seta requiere de cuatro disparos para ser eliminada.

Al disparar al centipede este convertirá en una seta toda parte de su cuerpo que sea alcanzada y, si lo hacemos en una parte no terminal de su cuerpo (cabeza o cola), se dividirá en dos y actuarán como centipedes independientes, complicándonos aún más la vida.

Al destruir completamente al centipede aparecerá otro inmediatamente, un segmento más corto, pero que se moverá a mayor velocidad. Si el centipede llega hasta el final, se irá moviendo hacia adelante y hacia atrás en las dos últimas lineas y nuevos ciempiés formados solo por la cabeza se irán añadiendo periódicamente.

Como era de esperar, si nuestro personaje es alcanzado, perderemos una vida. Pero no sólo el centipede podrá acabar con nosotros, ya que hay pulgas que descenderán verticalmente sembrando a su paso un montón de nuevas setas; arañas que zigzaguearán comiéndose, ocasionalmente, algún hongo; o escorpiones que se moverán horizontalmente, envenenando los hongos que encuentre a su paso. Si el ciempiés toca un hongo envenenando, se precipitará rápidamente hacia la parte inferior de la pantalla, amargándonos la existencia.

Depende el tipo de enemigo ganaremos más o menos puntos (por ejemplo, el escorpión da mil puntos) y también la distancia en el caso de la araña, cuanto más cerca esté de nosotros, más puntos ganaremos. En el caso del centipede, la cabeza vale mucho más puntos que el cuerpo. Por otra parte, al morir el camino de los hongos será restaurado, y todos aquellos que hayamos destruido total o parcialmente, nos otorgarán puntos extra.

En el apartado de curiosidades comentar que en la mitología japonesa existe un ciempiés tan grande como una montaña que fue derrotado por el héroe Hidesato. Dicho héroe recibió el encargo del Rey Dragón para acabar con dicho monstruo y, para ello, disparó una flecha impregnada en su propia saliva directamente hacia el cerebro del bicho. Como recompensa recibió un saco de arroz sin fondo, con el que pudo alimentar a su familia durante generaciones.

El juego, como todos los que contaban con mucho éxito en la época, se portó a multitud de ordenadores y consolas caseras, con mayor o menor fortuna.

Por último contó con una continuación llamada Millipede, en el que en lugar de enfrentarnos a un ciempiés nos tocaba batirnos el cobre con un milpiés.

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