Recordando
Retro Review de Sid Meier's Pirates!

Quiero ser pirata!

En el mundo de los videojuegos hay ciertos nombres que resultan icónicos y que todos los gamers conocen. En muchas ocasiones, estas personas han labrado su reputación en un género en concreto, como en el caso de Sid Meier, quien se hizo tremendamente famoso gracias a sus juegos de estrategia como Civilization, Colonization, o el que nos ocupa hoy: Pirates!.

Como era de esperar, en este juego te metes en la piel de un pirata que toma partido por una de las cuatro naciones (España, Francia, Inglaterra o Holanda), empezando por un rango bajo y granjeándonos títulos a medida que nuestros actos así lo merezcan. Nuestra lealtad no tiene porqué estar sujeta a la nacionalidad escogida al inicio del juego, si no que la podremos ir cambiando a medida que avancemos. Por otra parte, es posible ostentar títulos nobiliarios con diferentes naciones a la vez.

También tendremos que escoger la época en la que queremos empezar. Más o menos es lo mismo, pero cuanta más tardía sea la época veremos que la partida empieza en un punto donde el poderío español ha ido disminuyendo.

El mundo donde se desarrolla el juego es abierto, y nos situamos en pleno Caribe y costas americanas. A lo largo y ancho de este mapa, deberemos granjearnos un nombre realizando diversas tareas como asaltar ciuddades costeras o barcos enemigos, buscar tesoros escondidos, rescatar miembros desaparecidos de familias pudientes o comerciar (comprando barato en una ciudad y vendiendo caro en otra, dependiendo las necesidades de ese producto, o vendiendo los productos fruto de nuestro pillaje). El juego no tiene un final definido en sí, pero tenemos que tener en cuenta que a medida que avance el tiempo nos costará más reclutar tripulación en las tabernas de las ciudades (nos hacemos viejos y ya no confían tanto en nosotros), nos costarán más las batallas e, incluso, llegado cierto momento tendremos que retirarnos.

El juego está repleto de elementos estratégicos ya que tendremos que saber cuando cuidar nuestras relaciones con las potencias europeas, qué mujer escoger, así como lidiar con los eventos que afectarán al jugador durante la partida y que según que decisiones tomemos tendrán unas consecuencias u otras. Este es uno de los puntos innovadores del juego, ya que estos eventos se calculan aleatoriamente al inicio de la partida y, por lo tanto, aumenta la rejugabilidad ya que las partidas no serán iguales. Por otra parte, también debemos pensar en la elección del barco, a veces nos interesará un barco lento pero armado hasta los dientes, y otras preferiremos un barco pequeñito para evadirnos.

Cada acción importante del juego está representada por un minijuego. La lucha contra los barcos se verá desde una perspectiva aérea donde deberemos dar caza a nuestro enemigo para abordarlo o bien freirlo a cañonazos, con cuidado de que no sea él el que nos hunda. También deberemos mostrar nuestra destreza con la espada cuando nos tengamos que enfrentar al capitán de otro navío o con el representante de la ciudad.

También hay que tener en cuenta que cada ciudad, a pesar de estar localizada en el mismo sitio, su población y sus riquezas son calculadas aleatoriamente al principio del juego, aunque estos valores fluctúan a medida que avanza la partida.

En realidad, el juego tiene muchas pequeñas opciones más que lo hacen realmente apasionante y muy completo para la época, convirtiéndolo en uno de los mejores juegos lanzados en aquellos tiempos. Un gran trabajo de Sid Meier que se coronaría del todo años más tarde con Civlilization.

Como hacemos en muchas retro reviews, cerramos con una curiosidad. En la versión para Nintendo, desarrollada por Rare, se vieron obligados a cambiar el tabaco por crops (cultivos), puesto que la compañía nipona lo exigía por su compromiso de que los juegos fueran family-friendly.

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